ExpoFeria de Alimentos: en el campeonato estudiantil del sabor

Una serie de trabajos elaborados por futuros ingenieros en alimentos de la Universidad de Chile, surgen como una oportunidad para explorar lo que comeremos (o no), a nivel masivo en los próximos años, desde la perspectiva de quienes se forman en esa industria clave en el día a día de la comunidad.

 

Por Carlos Reyes M.

Ponerse un traje nuevo, o uno con poco uso, se nota por la actitud de quien lo porta. A simple vista, no parece haber mucha costumbre en los estudiantes universitarios de andar por la vida con chaqueta y camisa, Menos sumar una corbata o traje a dos piezas con falda a la rodilla, como dictan o siguen dictando las normas de la formalidad corporativa. Entonces no es raro que los alumnos de tercer o cuarto año se esfuercen por afinar la soltura y el talle, mientras explican cómo llegaron a concretar los proyectos de alimentación masiva que compitieron en la XX edición de la ExpoFeria de Alimentos. Eso de no encuadrar demasiado con la indumentaria del momento es análogo a su aspiración por encajar en un futuro rubro de la alimentación y en la vida laboral en general. Se trata de personas que están puliendo, poco a poco, su propio potencial. Un poder que en todo caso puede intuirse entre quienes, en plan evaluación o simplemente observando, conocieron de primera mano sus ideas en los salones y el patio de la Facultad de Química de la Universidad de Chile la primera semana de julio.

La exposición en los patios de la Facultad de Química y Farmacia de la Universidad de Chile.
La exposición en los patios de la Facultad de Química y Farmacia de la Universidad de Chile.

La carrera de Ingeniería en Alimentos organiza el evento que ha sabido nutrirse de su propia experiencia de dos décadas. Todo comenzó en 2005 gracias al impulso de la profesora Lilian Abugosh, quien convocó a un puñado de alumnos en una sala de clases en la vieja sede de Vicuña Mackenna 20. Pese que hoy la puesta en escena es diferente, en otra locación y con una mentoría colectiva que prepara a los jóvenes para esta presentación, siempre se ha tratado de un trabajo de fin de curso -a cargo de la misma docente-; uno singular y posiblemente trascendente: les permite usar la baraja de conocimientos entregada por la academia, conectando con sus compañeros y sobre todo con la industria alimentaria que acude a mirar esa ventana de tendencias jóvenes.

Uno se entera de aquello mirando una pantalla led puesta bajo un cuidado encarpado en el patio de la facultad, que muestra un video donde con parsimonia aparecen todos los ganadores de las muestras anteriores. La importancia creciente de la expo con el correr del tiempo se deja ver, además, por la presencia de marcas trasnacionales del rubro como Nestlé, Puratos o de viejo cuño local como Floramatic y sus líneas de saborizantes. Eso junto con asociaciones gremiales como Indupan y la colaboración de expositores de peso como Espacio Food Service.

La presentación de los ganadores.
La presentación de los ganadores.

Los 20 años pasan viajan en la pantalla junto a cada prospecto ganador en el pasado. Desde Melimiel que ganó la primera versión, pasando por vienesas vegetales, charquicanes deshidratados, croquetas de avena y cochayuyo, patés de legumbres, entre otras opciones. Aparece la constante de la alimentación sana, con productos naturales en esencia, donde se filtra en cada nombre la mirada estudiantil con aroma idealista, quizá, pero que con el correr del siglo ha cimentado una tendencia a la que la industria ya no puede dejar de poner el ojo. En consonancia con esas premisas, el lema de esta edición fue “Smart Food por la Salud y el Planeta”, y justo por ahí transitaron las propuestas y el discurso presentado ante el jurado y a un comité de observadores diverso que opinó en la rueda de negocios previa: profesores, dirigentes gremiales, ejecutivos, cocineros, y medios como Viaje al Sabor, invitado para la ocasión.

Todos fueron testigos del ganador 2024: Koby, una bebida basada en una infusión de flores con el hibisco como la más notoria al gusto, ligeramente fermentada, presentada por Amaralina Olguín, Christopher Sanhueza Vergara y Tomás Arias. Un producto con una marca bien definida en su fase de prospecto y que de seguro conquistó al los evaluadores por un ideario multiuso: de un lado una bebida que sale al paso de las ya habituales kombuchas pero con mayor suavidad y perfil dulce, que lo hace un buen primer paso como refresco, aparte de tener derivadas bastante posibles de uso en el ámbito coctelero, en alza en Chile.

El segundo puesto fue para Tofulate, barra de chocolate rellena de tofu y saborizada con almendras, pensada para figurar en la zona de tentaciones de un supermercado, pegada a las cajas, usando el énfasis vegano de su fórmula. La tercera posición fue para Triadina, un pan amasado con peso, textura y sabor de tal (levemente dulce por su adición de harina de camote) libre de gluten y que perfectamente podría estar en la carta de sandwicherías gourmet; acaso el proyecto con más intención independiente de la industria, pero con hartas posibilidades.

Claro, son prospectos a los cuales se le debe acotar temas como costos, mejores formulaciones, ideas concretas de públicos objetivos, sabores y texturas, entre tantas cosas. Ajustes que tal vez y más temprano que tarde se verán en el mercado, tal como cuando sus trajes de tela y realidad, encajen mejor con estos trabajos cargados de ideas, ideales y sabor universitario.

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