La Cacerola, en Algarrobo: un sentido familiar

Un lugar con aire contemplativo, basada en una cocina donde la sencilla sobriedad criolla y marina gana la partida, en un lugar de onda y servicio cercano, con mucho espacio para crecer.   

 

Carlos Reyes M.
Publicado en La Cav, julio de 2024.

 

La Cacerola como todo restaurante, es un micromundo; y como tal es regido por la voluntad de sus propios semidioses, si es que quien lee es politeísta. En este caso, la divinidad de Rodrigo Luco y Álvaro Grossi, socios detrás del proyecto y de largo recorrido en el medio gastronómico, se basa en el poder de lo familiar. Aparece desde su ubicación, en un barrio que recuerda la esencia balnearia de Algarrobo, en la antigua y más que confortable casa de veraneo de Borja García Huidobro, Premio Nacional de Arquitectura. La amplitud luminosa de patio, terraza y comedor, más una chimenea que tiñe de calor y cierto ahumadito el ambiente, permite conducir una experiencia de relajo casi sin remilgos.

Un Pisco sour ($ 5.200) preparado por Luco, a la vista, conversado con él si se quiere, resulta fresco, equilibrado en sus partes. El trago da indicios de una ruta culinaria con simpleza a la chilena mirando al mar. El batido robusto y de colorido variados en la fritura, denota el uso de la sartén para unos Pejerreyes apanados ($ 13.800) suaves en su interior y de sazón comedida. Parecido a los Choritos escabechados ($ 10.600), ligeritos de acidez, muy grata como sazón de la tibieza de los mariscos.

Los platos van cambiando según pasan los meses, la temporada y también lo que llegue a la caleta; suele haber sopas, guisos, carnes pero no tan estándar. Se agradecen las codornices o bien un Conejo Cacerola con puré de pallares ($ 16.800), de suave textura pero con un exceso de acidez que le quitó piso de sabor (por algo son semidioses y no deidades a secas), apalancado eso sí por el agregado, de consistencia y suavidad perfecta. El fondo marino por la temporada resultó ser una Cojinova al romesco ($ 17.800) con el centro a punto y la salsa que une tomates, pimentón y otros tantos aliños llegó cargada de sutilezas de tono frutoso, amargo y oleoso. Gran acompañante del pescado que sí, es de temporada. Mañana puede ser otro.

Una Leche asada ($ 5.200) perfumada con un toque anaranjado y vainilloso, aunque con más hoyitos de los deseables, comenzó el cierre de una jornada de aire contemplativo, basada en una cocina donde la sencilla sobriedad criolla gana la partida, en un lugar de onda y servicio cercano, con mucho espacio para crecer. También para destacar.

De los vinos: la carta es breve, con un puñado de opciones que recuerdan el paso de Rodrigo Luco como uno de los líderes de La Vinoteca. En su concisión pegan bien con los platos, con algunas joyitas descatalogadas (una muy buen Matetic Corralillo pinot noir en pequeño formato), aunque se espera más variedad y sentido local, en consonancia con lo que proponen.

Bellavista 3180, Algarrobo.
Teléfono: +56 9 9289 4411.
Instagram: @lacacerola_algarrobo

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