El Día de la Pichanga Caliente y la sintonía popular

En Puerto Montt, este sábado 22 de junio y a la par con el inicio del invierno, se honra con fiesta y palmoteo una receta que le hace sentido a todo el sur de Chile. Por su preparación y formas, productos y detalles, sabe entretener como el popurrí enjundioso que es.

 

La información dura dice más o menos así: este sábado 22 de junio desde las 12.00 horas, Puerto Montt vivirá la primera versión de su “Día de la Pichanga Caliente”, organizada por la Dirección de Turismo y su plan Sabores del Puerto. Un evento que busca romper la estacionalidad, dar un momento de entretención de cara a la estación más fría y lluviosa del año, que vaya sí lo ha estado. Casi una decena de puestos, entre restaurantes, picadas y organizaciones vecinales, participan en la cancha del gran espacio multiuso regional. Ellos venderán exclusivamente, acompañados por puestos de cervezas (de la comuna), vinos, bebidas varias, pastelería; todo amenizado por una pantalla gigante, música y animación.

El precio: $ 4.000 por una porción que rondará los 400 gramos y quienes hayan consumido en al menos dos sitios diferentes, podrán votar para elegir a la mejor de todas.

¿Por qué sumar energías aparte de lo evidente, que es hacer eventos invernales como parte de las obligaciones de cualquier municipio? Al menos desde Temuco hasta Puerto Williams, sin temor a equivocarse, decir Pichanga Caliente es casi lo mismo que fiesta. O al menos una reunión social con cara de fin de semana o malón, porque la naturaleza chascona de este popurrí de casi cualquier cosa, tiene que ver con la chilenidad: ¿hagamos un asado? Sí, pero altiro (porque el mañana no existe). Ir por ese plato en sus orígenes es convocar al menos dos comensales, que se lanzan a la aventura desde de una generosa cama de papas fritas, ojalá no de las congeladas y mejor recién cortadas. Muchos sabrán decir, sin repetir ni equivocarse, que la papa es la piedra fundamental de la alimentación sureña, sobre todo en la región de Los Lagos. Desde allí parten los genes de casi todas la variantes comerciales del mundo.

Luego el repertorio de acompañamientos es variado, con una condición: todo es picado o en corte pequeño. Sean carnes cocidas y/o salteadas de chancho, vacuno o pollo, cecinas del tipo salchicha vienesa, chorizo o alguna longaniza caída; o bien el turno de los vegetales, siempre encurtidos (conservados desde el verano pensando en el invierno) como pepinillos, aceitunas, zanahorias, coliflor… a los que llegan, para completar una receta totalmente inesperada y variopinta, trozos de tomate y palta ¿Alguna otra cosita? queso de campo -ojalá-, huevo duro y en muchos locales su toque de mayonesa y… una sopaipilla. No se vaya a ir con hambre la visita.

Al menos en Puerto Montt los mismos locatarios que venden Pichanga Caliente no tienen muy claro su origen. Algunos recuerdan los primeros años de este siglo cuando comenzaron a darse cuenta de su impacto comercial. Este tipo de eventos puede estimular a buscar ese origen porque hace poco, casi ayer (en tiempos históricos), pasó de ser una receta de casa a otra que merece comer sentado en un restaurante. Aunque nunca en sitios tan elegantes o derechamente como una venta segura en locales esquineros de una villa, en algún foodtruck o potenciado por el surgimiento del delivery.

Lo cierto es que su prestancia simple, sustanciosa, entre crocante por las papas y sus vegetales escabechados, sumado a la enjundia carnicera, tan tentadora para la gran mayoría (ojo, hay versiones vegetarianas y marinas), es el gran motor para consagrar un día en su honor. Se trata de un gusto de multitudes, comercial por supuesto, pero bien encaminado a instalarse en el corazón patrimonial de todos los sureños.

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