Vendimia 2024: un relato personal

Muchas veces se relata el proceso de la recogida de la uva y su transformación en vino, como una serie donde suele contarse el natural reguero festivo, ese que atrae turistas desde fines del verano; o bien por los datos climáticos o las estadísticas de cifras danzantes y polémicas por la fruta y su valor, según sea ganancia para algunos y pérdidas para otros. No así el sentir diario de la cosecha, de los productores y sobre todo de quienes buscan conocer cómo se trabaja y llegan desde fuera, colaborando en aquellas semanas clave para cualquier viñatero. Claudia Maluenda (@cayamacana) lleva años ligada al ambiente vitivinícola desde el diseño y las comunicaciones, y quiso contar su experiencia que viene a dar luz sobre el trabajo de pequeños -y aplicados- viñateros, en un momento de consolidación como productores.

 

Por Claudia Maluenda G.

 

Es incierto el panorama para el vino chileno, caracterizado por bajo consumo per cápita y altos costos de producción. Y aún así los viñateros independientes persisten, gracias al esfuerzo, convicción personal, como también a la colaboración de los amigos y amantes del vino. Este año asistí a vendimiar para viña Carter Mollenhauer (Maule, Itata), el proyecto de Edgar Carter y Karin Mollenhauer, donde apareció esa pasión dedicada, necesaria en todo productor.

Esta vez fui por una semana, un lunes y 24 horas después del trabajo de campo y cosecha de uva. Fui para aprender más de esta pasión, esta vez desde la bodega. Llegué en tren a Talca un lunes al medio día, junto con Alan Grudsky, sommelier con harto recorrido, que vende vinos, realiza eventos como los Tiny Tasting, sumando degustaciones en restaurantes, aparte de mantener una escuela, la Escuela Moderna del Vino. Es decir, no soy la única en este plan, porque además de él son decenas las personas que cada otoño van a recorrer los viñedos según sean sus tiempos. 

Es en ese contexto que el sábado anterior se dejó caer el primer “escuadrón” desde Santiago para el trabajo de cosecha: Brian Lincon Erazo, Sommelier y jefe de alimentos y bebidas de Nova Hotel, para más añadidura Mejor Joven Sommelier de Chile 2023. David Leal, Doctor en Química de la Usach y Sommelier nivel II de la ESCh, junto con Gonzalo López, más conocido en el rubro como País Pipeño, un cocinero que se está reencontrando con su saber tras muchos años fuera de los fuegos. En su caso y después de armar emprendimientos tecnológicos, sintió la necesidad de volver a conectar con la gastronomía y el vino, metiéndose de lleno como consumidor y después ya haciendo cursos, talleres, participando de todas las catas, ferias y eventos que ofrece el mercado. Lo que se dice un sincero amante y embajador del vino. 

Los tres llegaron a Talca para unirse a Pau, un muy joven español pasante de enología y Daniel Carter Mollenhauer, de con solo 6 años se sumó al equipo porque quiere seguir los pasos de su padre, y qué mejor que ir a la aventura de acampar una noche en un viñedo con casi 200 años de historia patrimonial. Éste se ubica en la localidad de Trehuaco, Itata, para poder amanecer al alba y esperar a la gente local que también iba en plan vendimiador.

Este es el primer año que Edgard y Karin cosechan ese campo como dueños del predio. Sin duda que es un hito histórico para ellos. El año pasado pudieron comprar ese viñedo de parras de país, que está en una loma que mira hacia el este y plantado más o menos en 1800. Edgard dice que se enamoró del lugar por su composición granítica que no es pareja, sino tiene una pequeña ondulación donde 0.4ha. se destinan para su vino Lonquén Arriba y 0.6ha. van para Aurora País. El primero y con su primera añada 2021 consiguieron 96 y el premio como “mejor país de Chile” en la guía Mesa de Cata de La CAV. También tuvieron un gran puntaje en la guía Descorchados. De ahí se justifica la inversión.

Ser dueños del campo les obliga a buscar a la gente para cosechar, también hacerlo de forma sectorizada según su vigor, lo cual hace la faena más ordenada y ayuda a organizarlo todo en la bodega. Mientras tanto el equipo de amigos que viajamos, buscamos un solo fin: que esta añada del 2024 sea memorable y que después, cuando esté listo el vino en un par de años más, disfrutemos cada descorche acordándonos del trabajo conjunto. 

 

****

 

Ese lunes llegué directo a la bodega desde la estación de tren. Quería ver pasar y ayudar a procesar toda la uva que habían cosechado el día anterior: 8.700 kilos de puro país. Todas las gamelas, las pequeñas cajas donde se guarda la uva tras la cosecha en el campo, estaban ordenadas según el sector donde fueron cortadas; se armaron dos mesas de selección de la fruta, algo que en la gran industria trabaja mecánicamente con grandes máquinas, acá se hace manual. Se debe revisar racimo por racimo, sacar las hojas secas, cualquier otra basurita, algunos granos de uva que no califican y dejar el racimo lo más limpio posible.

Otros van recibiendo esta uva seleccionada para poder cargar en la cuba, otro grupo van recogiendo las gamelas desocupadas y las sacan de la bodega para ir lavando de inmediato. Esto es necesario para que este jugo dulce de la uva no se pegue, ya que la limpieza en una bodega es muy importante, nos dice Edgard. Si bien son necesarias las bacterias para generar la magia de la fermentación, todo debe ser muy controlado y limpio para asegurar que tendremos un buen vino después, y no aparezcan defectos que pueden ser molestos al momento de beberlos. Dicen los entendidos que una vez que la Brettanomyces (una especie de levadura) se mete en la bodega, ya no hay forma de sacarla. Entonces el escuadrón de limpieza trabaja arduamente para ir limpiando y ordenando estos recipientes que van a servir para la cosecha siguiente. 

En un día completo hicimos los 8.700 kilos. Fue el número más alto de producción que han hecho en un día en bodega, en sus 10 años como viñateros independientes y que más bonito que hacerlo rodeado de amigos que aman su proyecto. 

Terminamos la jornada muy tarde pero cerrando con un gran asado. Armamos una parrilla con variados cortes, para deleitarnos además con distintas etiquetas de vinos que cada uno llevó para compartir. Fue un gran día de trabajo pero no fue el único, ya que la pega en bodega sigue a diario y es el trabajo más silencioso, que casi nadie conoce. No solo es campo, cosecha y llegar con el fruto a la cuba, si no que eso es solo el comienzo de este gran viaje del proceso de fermentación.

 

****

 

Este año los chicos recibieron un pasante desde Galicia, España. Un joven de tan solo 18 años que cruzó el Atlántico hasta llegar al Maule para poder trabajar en una vendimia en Chile y conocer cómo se hacen los vinos al fin del mundo. Pau Company desde los 16 años que se enamoró del vino y  su primera vendimia la hizo en Comando G, esta osada viña española que logra los 100 puntos de Robert Parker con su vino de Gredo/Granito/Garnacha. Trabaja ahí junto a Roberto Núñez, un Chileno con varios años en España. En su segunda vendimia, Company se relaciona con el geólogo chileno Gonzalo Santibáñez, quien recorre ambos hemisferios haciendo vendimias y asesorías geológicas. Él fue quien le habló por primera vez de Itata, Maule y los Carter Mollenhauer, y es así como este chaval postula a una beca Erasmo, famosa en Europa, que le otorga el financiamiento para llegar al fin del mundo y trabajar en esta vendimia. 

Él se reconoce como uno de los pocos de su generación que ama beber vino, ya que todos sus pares se inclinan por otros brebajes. Estando en Chile y trabajando codo a codo con Edgard Carter, recuerda que los vinos son de los lugares y de las personas, un concepto que aprendió en su primera vendimia con Comando G. Se da cuenta que en Chile también es un hilo conductor a la hora de hacer vinos. Lo que conocía de la variedad país era muy poco y estando acá se dedica a probar algunas etiquetas de esta cepa y detecta que muy versátil, que puede ser elaborada como un espumante, un vino rosado, o tinto y en esta versión se da cuenta que puede ir desde un pipeño hasta un vino de alta gama. Todo está en la intención que el enólogo quiere darle a esta fruta. Quedó flipando cuando descubrió cómo era el país en Chile. 

Conversando con Edgard le pedí que me diera su apreciación de esta vendimia 2024, como buen conocedor de sus vinos y lugares, me comenta que la vendimia no parte cuando uno va a cosechar el fruto si no que en el invierno anterior. En esa estación puedes detectar o predecir cómo se viene la próxima vendimia. El invierno pasado fue muy lluvioso y cálido, lo que es muy bueno para ellos ya que ocho de sus nueve etiquetas son de secano, entonces esto les asegura que cada planta está bien alimentada por la lluvia, y en suelo graníticos se agradece un año lluvioso. La primavera 2023 fue más nublada lo que hace que las etapas fenológicas para las plantas sean más lentas, ya que hay más agua en el suelo. Cayeron algunas heladas en el Maule, pero como ellos sacan de ahí solo carignan, esto no afectó mucho ya que esta cepa es más ruda y aguanta perfecto las bajas temperaturas en floración. No así un país. El verano tuvo olas de calor durante tres semanas con temperaturas sobre los 31° y eso también contribuye al retraso fenológico.

Ese retraso del crecimiento de la planta corrió la cosecha posterior cerca de 18 días, lo que hace asegurar que tendrán frutas con poca azúcar y por ende serán vinos de menor graduación alcohólica. Y como así fue, eso conlleva a tener fermentaciones más lentas ya que las bodegas después del 15 de marzo son mucho más frías. Para el gusto de Edgard, tendrá de esta vendimia vinos de alta acidez, baja graduación alcohólica y vinos más vibrantes, que es lo que ellos buscan en su enología. 

Dice que esta vendimia 2024 podría igualarse a las cosechas del 2018 y 2021 que fueron años muy buenos para el vino chileno.

¿Cómo ve el mercado actual? Dice que desde su vereda ve que hay una baja importante en el consumo per cápita, pero que ellos al ser de una viña menor escala venden sus etiquetas a gente que sí toma vino. Y harto. Entonces no se han visto tan perjudicados, son vinos más de nicho y tiene su público cautivo. Con respecto a la exportación, nos cuenta que el 2022 ellos solo exportaban un 10% de su producción, ya que creen que un producto así debe quedarse y ser consumido mayoritariamente en nuestro país, pero de a poco han ido creciendo en la producción y esperan cerrar este año con 15 a 20 mil botellas, creciendo su exportación en un 40%. 

Participar en una vendimia es una experiencia recomendable para los amantes del vino. Entender el proceso nos hace apreciar el valor de cada botella y el arduo trabajo que implica su producción, algo que a menudo damos por hecho.

Comparte: