Mili Mili, en Providencia: cuando el hijo necesita un correctivo

Berenjenas, lo único a la altura en ese momento.
Berenjenas, lo único a la altura en ese momento.

Vienen desde el Barrio Chino de Santiago hasta Providencia, donde se requiere presentar otro estándar que sustente la (fugaz) fama virtual que suelen regalar los demasiado entusiastas, a este tipo de locales que ofrecen parte de la China verdadera al plato.

 

Carlos Reyes M.
Publicado en La Cav, mayo 2024.

 

Comenzó como una fuente de soda y luego un restaurante chino-chileno, de los clásicos, de barrio. Ahora y con una manito de gato de por medio es Mili Mili, suerte de versión satélite de Jiayouyuan, uno de los comedores orientales mas exitosos de calle Exposición, en el Barrio Chino de facto de la capital. En Providencia es otra cosa: fue abrir y generar expectativas, sobre todo en redes sociales, entre la creciente fanaticada en busca de nuevos sabores donde lo oriental se gana mucho la atención.

¿Es esto un wantán?
¿Es esto un wantán?

Pero en esa comuna se requiere además cierto estándar que sustente la (fugaz) fama virtual que suelen regalar los demasiado entusiastas. Una segunda mirada de sus mesas pequeñas, apenas funcionales para dos y con poco más ornamento que el rojo y dorado de un Año Nuevo que pasó hace semanas, da para pensar. Se entiende que un fin de semana, por la tarde, se pueda demorar un pedido en la sala y que la gente, paciente, espere sin mucha ansia. Pero hacerlo tras 50 minutos sin más, tiempo en el que llegaron apenas con una gaseosa y una cerveza, para luego conformarse con una porción de Wantán ($ 3.500), en realidad de esos sin relleno (una feísima costumbre de muchos restaurantes actuales, de la zona centro y sur de Chile) y pasada de aceite, comienza la preocupación en serio.

“Nos demoramos en los pedidos para llevar”, confiesa compungida la garzona por la demora estando el ya comedor más desocupado. Por lo demás una de las únicas personas que no hacían la vista gorda, el viejo truco de los garzones para desentenderse del servicio cuando hay problemas. Ahí, casi sin darse cuenta, dio pistas de un tema mayor: en el fondo son dos restaurantes, el real y el virtual, con los mismos cocineros, generan problemas ya de relación laboral. El que mucho abarca poco aprieta y eso se nota en varios de esos platos que en teoría marcan diferencias. El Dumpling al vapor ($ 6.500) relleno de pasta de carne de cerdo, llegó sobrecocido y con agujeros que le sacaron todo el sabor a la farsa de chancho. Por su parte uno de los platos estelares del restaurante madre, el Camarón ajo al vapor ($ 21.800), no era ni la sombra de la receta original: camarones duros, pequeños, con harto aderezo pero sin el potente gusto del producto que le da el nombre al ajo; un plato desprovisto de la personalidad que brilla al lado de Estación Central.

Un plato estelar destartalado.
Un plato estelar destartalado.

El único plato que resaltó fue la Berenjena increíble ($ 9.800), realmente ídem, con la textura del fruto aderezada en plan picoso, complejo, con toques de carne de cerdo molido que aportaron lustre. El resto un listado de chascarros, demoras, comida de baja calidad y la sensación de que este sitio es como el hijo que se independiza pero que requiere aprender. O quizá, una reprimenda de la familia.

Pedro de Valdivia 865, Providencia
Teléfono y whatsapp: +56 9 2005 0237.
Instagram: @milimili.865

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