Gastroefemérides. Vendimias: una historia de celebración del trabajo campesino

Desde época colonial, se acostumbraba a celebrar el fin de las cosechas en el campo reuniendo a vecinos y amigos en una especie de minga (trabajo colectivo de cosecha, en este caso) y ‘pagando’ con comida y bebida: vino y chicha. A ello se sumaba la música, el canto y el baile. De este modo, las vendimias en Chile fueron más atomizadas, mayormente concentradas en algunos valles elaboradores tradicionales de vino, como Itata y Cauquenes, que conservan aún el paisaje histórico del vino en Chile y su saber hacer.

Por Amalia Castro S.C.*

A despecho del origen del término ‘trabajo’ (que deriva de ‘tripaliare’ o torturar con tripalium, instrumento de tormento formado por tres estacas) la faena que cierra la cosecha de la uva, la vendimia, es puro gozo. Desde el siglo XII las actividades agrícolas se designaban como ‘labor’, lo que fue reemplazado por la palabra ‘trabajo’ desde el siglo XVI. Una forma inventada por el hombre para actuar sobre su entorno natural y obtener así los medios materiales para su existencia social.

Lo interesante es que procesos como los agrícolas tradicionales son mucho más que eso. En ellos se representan además la parte más ideal de los mismos; de la naturaleza y las fuerzas que la controlan a las que hay que ganar mediante plegarias, ritos o representaciones. Así entonces, surge la fiesta como representación alegre del triunfo sobre la naturaleza y la continuidad de la vida humana.

Fiesta -del latín festum– significaba el día en el que se celebraba un hecho o personalidad relevante para una comunidad. Ese día podía también coincidir con una fiesta periódica, generalmente anual, que conmemoraba un acontecimiento importante para una sociedad determinada. Durante el día festivo –dies festus- el grupo encontraba nuevamente las razones de su propia identidad colectiva. Durante estas celebraciones se volvía a recorrer, revivir y renovar una gran cantidad de experiencias y hechos: el ciclo del año, el de la vida humana y por sobre todo la temporalidad. Es el tiempo el elemento central de la fiesta, en una simbólica vuelta atrás y reactualización para la proyección futura del grupo.

No existe civilización que no tenga fiesta, todas tejen una trama que une mito e historia, de valor universal. El tiempo ordinario se suspende por unas horas para dar espacio al tiempo original, esencial.

Las fiestas conservan un marcado tinte orgiástico y alimentario, donde el consumo llena ese período extraordinario, brindando una satisfacción menos frecuente en la vida cotidiana. Bien lo sabían los antiguos griegos, quienes creían que cuando las personas estaban borrachas, se encontraban en el dominio del dios Dionisio, el de la ilusión y los estados alterados de conciencia. El consumo de vino, considerado bebida sagrada, constituía en sí mismo un rito. Las fiestas de la vendimia y la apertura de nuevos barriles, presididas por Dionisio, utilizaban este consumo ritual. El culto a este dios prometía a sus iniciados una vida después de la muerte de fiestas y consumo de alcohol ininterrumpidos. El baile, la música y el vino permitían en este culto alcanzar el éxtasis de la comunicación divina.

En Europa las celebraciones evolucionaron durante los siglos para perfilar a las vendimias como una celebración del fin de un proceso productivo y el nacimiento de un producto fundamental para la vida y las relaciones sociales. Dichas fiestas llegaron a América y se asentaron con fuerza en algunos países, de la mano de la cultura vitivinícola desarrollada en nuestro continente. Desde 1936 la Fiesta Nacional de la Vendimia (Mendoza, Argentina) es las más importantes en Latinoamérica. En ella pueden apreciarse todos los pasos del rito y el acto de vendimiar; es un largo proceso de fiestas departamentales hasta su culminación en el festejo principal (y más conocido) dividido en cuatro fases: la Bendición de los Frutos; la Vía Blanca; el Carrusel y el Acto Central, en el que se elige a la Reina de la Vendimia. La fiesta involucra, transversalmente, a toda la sociedad, reproduciendo la historia del vino y la cultura del esfuerzo en el trabajo campesino.

En Chile sin embargo la construcción de estos eventos fue diferente. Desde época colonial, se acostumbraba a celebrar el fin de las cosechas en el campo reuniendo a vecinos y amigos en una especie de minga (trabajo colectivo de cosecha, en este caso) y ‘pagando’ con comida y bebida: vino y chicha. A ello se sumaba la música, el canto y el baile. De este modo, las vendimias en Chile fueron más atomizadas, mayormente concentradas en algunos valles elaboradores tradicionales de vino, como Itata y Cauquenes, que conservan aún el paisaje histórico del vino en Chile y su saber hacer.

En este contexto, el vino funcionaba como lubricante social, un elemento de cohesión, que ayudaba a reconocerse como parte de una comunidad, embarcada hacia un mismo destino. Hacia el siglo XX mientras esta corriente antigua siguió viva y celebrando, se sumó una capa que entendió estas fiestas como una oportunidad de potenciar el turismo del vino. En esta nueva etapa, la primera que se celebró fue la fiesta de Isla de Maipo, celebrada entre el 9 y el 11 de abril de 1943. La revista En Viaje recoge una hermosa fotografía de dos vendimiadoras sentadas sobre una gran tinaja, que representan ese momento.

La fiesta de la Vendimia de Isla de Maipo sirvió como inspiración para otras localidades viñateras en Chile. Por ejemplo, la Fiesta del Chuico, celebrada en Cauquenes, al parecer desde 1960, y que destaca al viejo recipiente del vino convertido en el escenario del evento, como un símbolo de los vinos patrimoniales del secano interior sur. La industria del vino en Chile pudo darse cuenta, observando el modelo argentino, de las ventajas de centralizar una fiesta nacional de la vendimia como medio de visibilizar y argumentar sus peticiones ante las autoridades. Un antecedente importante de este impulso fue la fiesta celebrada en Curicó en 1950, en donde la industria del vino se unió a la Sociedad Nacional de Agricultura para darse a conocer y facilitar el desarrollo del sector. Desafortunadamente, el momento económico y cultural no estaba listo para esta iniciativa, por lo que se cambió de modalidad para celebrar la Feria Exposición Vitivinícola de Chile, celebrada por primera vez en 1954, de forma acotada pero visibilizando esta actividad en tiempos de vendimia con elementos artísticos. Aunque se avanzó en el proceso de valoración de la actividad en torno al vino, no existió el impulso suficiente para mantener las celebraciones vendimiales locales.

La tradición chilena de la vendimia con fiesta, música y danza es parte de la identidad cultural del país, patrimonio común de la viticultura chilena, que sin grandes despliegues escenográficos, se ha mantenido vigente, destacando el ambiente de gozo celebratorio en torno a la cosecha de la uva. Aunque hay autores que han planteado otras hipótesis para explicar el porqué de la presencia moderada de estas fiestas en Chile y la inexistencia de una gran Fiesta Nacional -aludiendo, por ejemplo, al espíritu religioso del pueblo chileno, que habría impedido los festejos durante el período cuaresmal- lo cierto es que estas han venido celebrándose desde época colonial en multitud de pequeños viñedos y desde el siglo XX con celebraciones locales que comenzaron por la Isla de Maipo, sumándose luego la fiesta de la Vendimia de Coltauco (1960), el Festival Folklórico de la Vendimia de Molina (1970) a las que se han agregado posteriormente otras iniciativas de carácter masivo como la Vendimia de Curicó iniciada desde los años ‘80 y tiempo después la de Santa Cruz, liderando los festejos en el valle de Colchagua.

En la actualidad, entre inicios de marzo y mediados de abril se celebra, de norte a sur del país -desde la Pampa del Tamarugal hasta la región de Bío Bío, un reguero de fiestas en más de 40 localidades (https://chileestuyo.cl/vendimia-2024-cuando-y-donde-se-celebrara-en-tu-region/) Así que ahora que ya sabe de qué se trata… a celebrar se ha dicho.

* Licenciada en Historia (Universidad Finis Terrae), Doctora en Historia (Universidad Nacional de Cuyo). Parte del CIAH (Centro de Investigación en Artes y Humanidades) Universidad Mayor, Proyecto ATE220008. Su línea de investigación se centra en el patrimonio e identidad agroalimentaria, estudiando la historia y puesta en valor de productos típicos chilenos, muchos de ellos sometidos a procesos de modificación, invisibilización y/o hibridación. También aborda temas asociados a los sentidos en la conformación del gusto y modos de mesa.  

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