Mareal, en Pichilemu: una ola de intensidad

Una propuesta que muestra la madurez y la necesidad de adaptación de una cocina con mucho sabor -y picor- que sabe mostrarse elegante más allá de los formatos.

Carlos Reyes M.
Publicado en LA CAV, marzo 2024.

Puede, de buenas a primeras, surgir como un espacio de paso, con una breve terraza y su cocina fría pegada a la calle, distante a pocas cuadras de la extensa playa de arena negra que le da fama a Pichilemu. También sabe ser un comedor más íntimo si se ingresa a su comedor interior, un sitio que no se pierde en formalismos porque allí prima lo marino sin etiqueta. En Mareal cuidan sin miramientos que todo sepa intenso.

El trabajo de Gustavo Moreno en ese polo gastronómico que es Pichilemu ha transitado desde la experimentación -esa que tanto gusta a la corriente del foodie– hacia una especie de fast food costero, mucho más de cara a la gente menos concentrada en la comida que transita frente a su restaurante. Muestran una lista de platos corta; de picoteos, sándwiches y poco más. Pese a esa brevedad se toman su tiempo para, por ejemplo, hacer llegar un Pisco sour ($ 5.500) de ligero picor-amargor frutal, heladito, que luego al rato se acompaña con tres Tacos de pescado ($ 12.500) de tortilla delgada, semitostada, que contiene carne de corvina salteada y con la dominante de una salsa atomatada que, poco a poco, revela un picor cálido matizado por una pastita verde. Para la textura crunchy, un coleslaw por fin poco cremoso, poco dulce.

Podría haber habido repetición si no hubiera estado seguido el Crudo de pesca del día ($ 14.000), donde una placa de milhojas de papa, de fritura perfecta, sostuvo una suma de corvina -uno de los pescados frescos del día- picada finamente junto a la crocancia vegetal de trozos de pepinillo y un ají verde que supo picar ligero y veraniego.

En realidad, gran parte de la carta tiene un puntito de picor, parte del estilo del chef y que aparece también en el segmento de los sándwiches. Se trata de hamburguesas con pedacitos de pescado evidente a la vista y a la boca -nada de pastas o farsas- conservando cierta jugosidad, aunque sean una versión smash como en la Kimchi burger ($ 12.500). Ahí, dentro de un pan brioche delicado en grasitud y blandura, sostuvo el vegetal encurtido coreano que puede ser un objeto de culto para quien ame lo capcioso. Eso sí, la proteína marina, delgadita, se sigue percibiendo. Aquello es una gracia.

El cierre con una generosa Tarta vasca ($ 8.900), medio crema, medio masa, con harta salsa de berries, cerró una experiencia que marca diferencias en estilo y calidad en la zona. Además, tiene harto aire para crecer como concepto, un mar de opciones.

De los vinos: una lista corta de cervezas y de vinos, donde aparece calidad y aire de diversidad -el chef además es sommelier, cosa rara en Chile- aunque apuntarle menos a los precios ayudaría bastante. Ojalá pillen un buen distribuidor local y de vino de la región, que también se echa de menos. Precio por copa (Villard pinot noir) $ 6.000.

Dirección: Daniel Ortúzar 255, Pichilemu. Teléfono: +56 9 7746 5916.
Instagram: @mareal.cocina

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