¿Con qué promover?

Siempre hay ideas dando vueltas para promover la industria que rodea el comer de restaurantes, el turismo en torno a la gastronomía chilena. Ahora, el cómo y con qué, viene a ser el otro lado del espejo de tanta intención por crecer.

Por Carlos Reyes M.
Publicado en El Llanquihue, 27 de febrero de 2024.

Santiago. Una mesa repleta de fresco fervor marino e indisimulada ambición culinaria, enfocada hacia el nuevo cuño lujoso: dar producto base de primer nivel, sin mucho montaje afectado ni alardes técnicos snob. Entre tanta suculencia y charla se esbozaron ideas sobre cómo, entre tanta estrechez imperante, posicionar a Chile desde lo culinario. Seguir insuflando autoestima a unas bases que aún creen que somos el vagón de cola del buen comer americano.

Tenemos costumbre de autoboicot. De asegurar que 4.000 kilómetros de territorios, climas, mares y ecosistemas de múltiples cualidades, con variantes del saber humano moldeado durante 15.000 años de influencias diversas, no es capaz de aportar más que un puñado de guisos servidos detrás de la puerta. Cualidad insular le dicen, por mucho que estemos recontra conectados al resto del mundo y sus circunstancias de la actividad gastronómica.

En esa mesa surgieron propuestas. Traer a Santiago el premio de moda de los comedores latinoamericanos, para que miles miren a restaurantes esforzados en recobrar el glamour que hasta hace un lustro ilusionaba a la galería foodie. Respetable. Hay ideas nuevas rondando por algunas cocinas locales, aunque la idea del chorreo desde arriba suena manida, sobre todo mirando ese espectáculo desde las regiones.

Tras la comida surgieron otras opciones: promover la participación en competencias culinarias en plan deportivo como olimpiadas, torneos parrilleros, donde mostrar lo que puede dar el profesional local si se entrena y de paso colando saberes propios al resto de ese mundo. ¿Y darle al vino por fin el estatus de bebida nacional? ¿No sumarle más impuestos y sugerir sumarlo a la dieta diaria -sí, diaria- bajo una lógica de consumo responsable? Quizá recuperamos su nobleza ante el gran público, resaltamos la cocina de cada región, poniendo coto a esa industria que, por medio de alcoholes saborizados disfrazados de vino dulce se afana -en su desesperación- en convertirlo en un sustituto de bebida cola.

En todo caso, para creer y que nos crean es necesario hacerlo institucionalmente; no dejarle la promoción del comer local, cuando lo hace, a Top Chef (ok, exagero, la retahíla de programas culinarios que vemos cada fin de semana aportan, aunque suelen tocar la misma tecla descriptiva, justamente sábado a sábado). Hay pasos más concretos por ahí, como el diseño que posicionó a la Región de O’higgins en el NY Times. Está la hoja de ruta de la Subsecretaría de Turismo con planteamientos sacados de los tres últimos gobiernos, para consolidar una industria en potencia tan valiosa como la del cobre o el salmón. Quizá no llegue a los grandes números que tanto agradan a los economistas y sí en la cantidad de involucrados en torno a trabajos dignos. Pero poco más de 36 millones de dólares al año para impulsar el rubro, el presupuesto público al respecto, es como arar en el agua. Potenciar con voluntad y que ésta se exprese en mejores recursos, sí que alimenta ideas.

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