De viaje: tras los pasos de Castro

En un breve e intenso recorrido en plan turístico y gastronómico, aparecen rincones para la sencillez, el lujo, la cultura patrimonial de alto vuelo, la artesanía, además de varias sorpresas culinarias, de esas que perfilan una zona repleta de identidad y panoramas para esta temporada 2024.

 

Carlos Reyes M.
Agradecimientos, Municipalidad de Castro.

 

Fue poner un pie en la barcaza y avanzar por una experiencia de inmersión diferente, invitados por el municipio de Castro para conocer buena parte de los atractivos del verano en esa parte de Chiloé. No sólo porque una empresa como Naviera Austral ofreciera el Kotaix, una de sus embarcaciones más grandes, para navegar por el estrecho fiordo castrino, desafiando el viento y poniendo a prueba la destreza de los asadores de corderos al palo, que de todas maneras terminaron con fineza y muchísimo sabor su trabajo para centenares de asistentes. No sólo por el relacionamiento que juntó a buena parte de la oferta turística comunal, bajo tranquilas charlas de pasillo matizadas a ratos por concursos y sorteos. Lo especial tiene también que ver con el despliegue escénico mientras se navegaba por la capital de la provincia y sus alrededores. De lado y lado del curso de agua aparece un ramillete de estilos arquitectónicos, urbanos y rurales, antiguos y modernos, motejados entre campos paperos y de hortalizas cultivados por decenas de generaciones de pequeños y medianos campesinos, porque a la zona felizmente no llegó el latifundio y su paternalismo agrario. Se trató de un recorrido destacado por visualizar el trabajo de la pesca y la recolección marina; donde se pudieron observar varios corredores biológicos que dan cuenta de un bosque nativo de verdor perenne, húmedo, que seduce como un fresco mantra para quienes -sobre todo- aparecen desde el norte, con sed de conocer los atractivos de esta parte de la Isla Grande.

En un breve e intenso tránsito en plan turístico y gastronómico, aparecen rincones para la sencillez, el lujo, la cultura patrimonial de alto vuelo, la artesanía, además de varias sorpresas culinarias, de esas que perfilan una zona repleta de identidad y panoramas para esta temporada 2024.

Un poblado improbable y necesario. Vivir como los chilotes de mediados del siglo XX o más bien recrear ese instante de la historia, significa acceder a casas hechas con tejuela de alerce, pasearse por fogones con base de piedras donde nace el sabor del ahumado, contemplar residencias pudientes y otras no tanto como la modesta casa del pescador; también un cine que alguna vez refugió a una familia completa tras el cataclismo de 1960. En todas ellas abundan historias verídicas porque cada construcción de Weltún, en la zona de Tongoy de la península de Rilán y justo frente a la ciudad de Castro, es real. Se trató de un set construido para la película Y de Pronto el Amanecer (2017) de Silvio Caiozzi, en un terreno donde tiene participación el cineasta y al que trasladó una veintena de residencias antiguas, existentes sólo gracias a la tradición. “Es que en Chiloé las casas viejas no se botan, sino que caen solas rememorando a los antiguos residentes. Lo que hicimos fue comprarlas (para gusto de sus descendientes, dice el documental que exhiben en su cine) para luego restaurarlas y darles nueva vida”, comenta el director y cabeza de Fundación Mágica, a cargo del proyecto. Las construcciones de Weltún también popularmente conocida como Isla Paraíso, porque allí se realizó una teleserie con ese nombre, se reparten entre lomas y arboledas que sirven de aislante de la ciudad que se asoma a la distancia. Resaltan las plantaciones de manzanos nuevos, viejas prensas de chicha, además de senderos de tierra acompañados de postes con luminarias de época, que llevan a otro tiempo. Un sitio temático único en Chile -y en el mundo- que recibirá público por primera vez a contar de enero. Más información en www.fundacionmagica.cl

El curanto. Comer como se hizo hace décadas o poco más, tras milenios -sí, milenios- de consistir más bien en una forma de conservar la abundancia de los mariscos propios de la bajamar. El curanto conecta con la profundidad alimentaria de la costa y del campo, que con el tiempo ha ido sumando ingredientes a eso de cocinar en piedras calentadas al fuego: chancho, longanizas y de manera más reciente presas de pollo para los visitantes -y los mañosos- frente al ahumado. En uno de los extremos de Rilán, un quincho como Fogón la Estancia Pewma Mapu, permite adentrarse en el que hoy es el gran plato de fiesta de la Isla Grande y sus alrededores. Almejas, choritos, maltones, cholgas, van ganando protagonismo, fundiéndose con el perfil ahumado de la carne porcina. Todo en un comedor que con los años ha ganado prestancia a punta de trabajo familiar, con un ventanal con vista a una pequeña playa de pescadores. Poco a poco, allí se despliega un gusto suculento con sabor a casa de campo a la chilota. (Tel. +56 9 9425 0919. Facebook: Agroturismo Fogón La Estancia)

El Hotel (y un par de extras). Rilán es un punto estratégico para el turismo chilote. Al estar cerca de la ciudad -sin tener que afrontar su tráfico- ofrece óptima conectividad desde Ruta 5 y desde el aeródromo de Mocopulli; pero sobre todo aparece buena parte del imaginario insular en términos de paisajes, personas, sabores, costumbres, mezclada con restaurantes reconocidos a nivel nacional como Rucalaf, aparte de una oferta hotelera de alta gama que aprovecha cada palmo de comodidad. Entre estos resalta Hotel Estancia Rilán, en la parte alta de una loma que permite una magnífica vista del mar interior. Eso visto desde una terraza amplia, pensada para momentos de fraternidad entre viajeros, los que luego pueden acudir a un living comedor con una barra bien provista de vinos, gracias a una de las cavas más completas del archipiélago. La arquitectura pensada como una gran casa de completamente sustentable, invita a vivir una experiencia de lujo sin estridencias. (La Estancia Lote B-1 Península de Rilán, Castro. Tel. +56 9 9292 8899. Ig. @estanciarilan). Dato extra, los desayunos reponedores de Hotel Enjoy Castro, que por estos días se prepara para convertirse en un restaurante de cocina mediterránea con una notable vista de fondo, acompañada por la coctelería internacional de La Cevichería, un espacio donde además se come sin complicaciones (Ruta 5 Sur 2053, Castro. Ig. @lacevichiloe).

El plato singular. Los almuerzos en Mary’s en el centro castrino pueden ser de lo más estándar: se pueden servir platillos rendidores al bolsillo pero intrascendentes para el visitante, como unas milanesas de pollo con papas fritas propias de cualquier “no lugar”. Mejor dejarse llevar por la carta marina, entre caldillos y pescados más de corte tradicional, donde saben tocar las teclas típica; o tal vez asomarse a novedades como un sustancioso Cochayuyo al pil pil. El alga se hace presente, sin duda, en el plato, pero se combina sabia y cálidamente con la cocción en aceite y sus consortes clásicos: ají cacho de cabra y ajo. Tiene sentido la preparación, porque el gusto de estos productos y condimentos forma parte del ADN chilote, salvo por este formato más contemporáneo que invita a compartir. Una receta sorpresiva y muy sabrosa. (Sotomayor 565, Castro. Tel. 65 263 1429. Ig. @marys.restaurant)

El Palafito. Alojar en Palafito La Mar es un encuentro con las casas que dan vida al imaginario de Castro, el de estas construcciones a orilla de la costa sometidas a los vaivenes de la poderosa marea de la isla. No es hostal, ni un hotel pendiendo de gruesas vigas de madera, sino una casona entera que recuerda al pasado de la ciudad capital insular. Resalta su mobiliario de época, la construcción alargada y de techos altos, donde se aprovecha cada centímetro disponible, para luego dejar espacios comunes amplios, que van desde la cocina a la terraza panorámica del río Gamboa y de los carpinteros de ribera, esos que siguen construyendo barcos tal como hace más de un siglo. Excelentes instalaciones para que puedan quedarse cómodamente cuatro personas, tal vez más, gracias a sus habitaciones del segundo nivel, en una ubicación estratégica para quienes desean caminar por los alrededores. (Ig. @palafitolamar)

Otros enclaves de Rilán. Más de una década de restaurada, o mejor dicho reconstruida, lleva la la Iglesia de Santa María Rilán en el poblado del mismo nombre. Forma parte de las 16 iglesias chilotas inscritas en la Lista del Patrimonio Mundial de UNESCO (2000) y se impone. De blanco y ribetes celestes, los colores de la patrona de la iglesia, data de 1920 el término de su construcción de estilo ecléctico, destacando su torre del campanario que se empina por más de 28 metros de altura. Su nave central de más de 9 metros desde el piso, permite apreciar las estilizadas formas de su interior, que remata en un sencillo altar mayor donde destaca el arte religioso local. Durante la temporada de verano estará abierta a público gracias a la presencia de guías municipales que entregan toda la información necesaria. A un par de cuadras de la plaza y del templo, destaca el paciente trabajo basado en madera de alerce reciclado de Raúl Pérez Muñoz (+56 9 7931 4033. Ig @tallertorineko). Con más de dos décadas en el oficio, combina cuadros basados en ese material rescatado de viejas tejuelas, además de curiosos candados y jarras de la misma madera, porque la cualidad que la destaca es su casi eterna resistencia a la pudrición. En el mismo Rilán está la pequeña zona rural de Yutuy, casi frente a Nercón del otro lado del fiordo. Allí figuró una escuela rural cerrada hace ya 10 años, que hubiera sucumbido definitivamente ante el olvido, de no ser por el tesón de Raúl Pérez Águila, último docente en ocupar esa aulas. Él aparte de hacer de esos pasillos y salas su propia casa, se ha preocupado de rescatar cada pequeño detalle -en realidad miles de piezas- que recuerden el pasado del pueblo y de cómo se educaron los niños del sector hasta bien entrado el siglo XXI. Un sitio repleto de curiosidades ensalzadas por esa vitalidad singular que permea en Rilán, en Castro y en todo Chiloé.

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