Es el menú (y no otra cosa)

Menú restaurante Rincón de Adela, Puerto Montt.
Menú restaurante Rincón de Adela, Puerto Montt.

Allí, en el día a día del comer urbano, es donde se corre la verdadera carrera gastronómica chilena.

Carlos Reyes M.
Publicado en El Llanquihue, 19 de diciembre de 2023.

Entrada, plato de fondo, postre, tal vez con algún otro engañito de más o quizá de menos, si el lugar invierte buenos insumos en pos de una experiencia por sobre el promedio. Lo suficiente como para que quien vaya por su menú de almuerzo durante la semana, escriba una nota mental que lo lleve a volver a ese lugar al día siguiente… y así en más. Seducir en la hora punta de la comida a la chilena (porque en otros lados es el desayuno) es por mucho el momento más competitivo de la restauración.

Centenares de platos al unísono servidos en un tiempo limitado, con la necesaria voluntad de lucirse aunque sea un poquito. Es eso o morir silenciosamente, porque allí es donde se corre la verdadera carrera gastronómica chilena. En ciudades como Puerto Montt, comer va desde modestos tres mil pesos y poco más, hasta asomarse casi hasta los $ 20 mil (propina incluida) sobre todo en hoteles. El por qué de esta nota radica en diversas visitas por comedores de la capital regional donde, salvo excepciones como el céntrico Rincón de Adela o el más empinado hotel Gran Pacífico, la oferta adolece de una calidad que permita decir, simplemente: “qué rico, volveré”

Poner foco en el menú aumenta las posibilidades para mejorar, no sólo la comida del trabajador (el que no lleva comida desde casa) sino la culinaria urbana en un sentido más amplio: la turística, la que busca seducir con nuevos formatos, la de salón o incluso la callejera. Hacerse cargo, observar, criticar, para que no se sirvan pollos secos o arroces ídem, ensaladas de corte dolosamente grueso y sin aliños, o guisos sin cariño ni sazón, padeciendo de servicios autómatas o mirar alcuzas ideales para una guerra bacteriológica, entre tantas otras escenas. Es el cliente-lector el que puede exigir, en pro de un virtuosismo siempre latente si no se le sacude.

Se habla poco de esta viga económica y social de la cocina pública. Más rutilante es asomarse al diseño culinario de comedores más sofisticados y -a veces- más creativos, que se devanan los sesos para figurar en torneos y rankings internacionales. Es natural porque vende pero como dicen en el fútbol, los equipos se arman de atrás. Y ahí un mejor menú suma más allá de lo evidente.

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