Por un servicio al servicio

Carlos Reyes M.
Publicado en El Llanquihue, 4 de julio de 2023.

Muchas veces no se nota lo que nos afecta, como si se tratara de una condición superpuesta e inevitable. Sucede como con el ambiente de las ciudades con aire contaminado. Uno ve a través de la polución y a veces, solo a veces, toma en cuenta con preocupación el gris-marrón-celeste que borronea calles, casas, parques o el reflejo de uno mismo. Se normaliza.

Ocurre lo mismo con el servicio en esta región y en casi todo Chile.

Una vez que percibimos el problema, no es difícil darse cuenta en el cotidiano de lo deficitario del nivel a la hora de sentarnos en un restaurante, cocinería o cualquier comedero. Se trata tanto de la amabilidad y de la paciencia básica de quien nos quiere ofrecer su propuesta -el dueño, el garzón, etc.-, como del nivel de información respecto del estilo del lugar, de los platos (desde cómo se prepara hasta si algún comensal sufre de alguna condición alérgica), o saber detalles respecto del entorno cercano al lugar. Y así un demasiado largo etcétera que requiere de varias columnas similares a estas. O más.

Una reciente visita a Villa de Merlo, en la argentina provincia de San Luis un punto importante en el turismo trasandino, funciona como ejemplo por contraste. Más allá de la intención de invertir por parte de sus autoridades -que subsidiaron cuatro vuelos comerciales a Chile en plena crisis-, o de la propuesta de los restaurantes -muy atractiva pero tanto o más uniforme en lo tradicional como en esta región-, es el nivel de atención para el visitante lo que marca diferencias. Conocedores innatos de los códigos del servicio, ofrecen bonhomía, respeto, paciencia y además, conocimiento del relato en torno a la comida, al lugar, a la historia del territorio y sus costumbres. Algo que va más allá de la mesa y los escaparates.

Una distinción que sirve, ahora en tiempos de reflexión invernal, como para que quienes regentan comedores con fines turísticos, observen una parte clave de su negocio, que se extiende al ecosistema económico de la región completa. O quizá, quien sabe, vayan ellos mismos a comprobarlo en terreno. La experiencia real vale más que mil imágenes, que diez mil palabras. Sería un servicio al servicio.

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