Crítica de restaurante. Giardino Malandrino, en Valparaíso: donde la pizza lleva el timon

Carlos Reyes M.
Publicado en revista LA CAV, diciembre 2021.

Una villa estilo genovés para un comedor a la italiana, extendido por un amplio patio con vistas al Cerro Alegre. Bajando la escalera aparece un horno de barro y a leña, que no detiene su marcha durante todo el almuerzo. Un esfuerzo agradecido por ese centenar de comensales, que parece nunca dejar de pedir y que le aportan ritmo a este verdadero jardín secreto de Valparaíso, que se sale -un poquito- del habitual eje turístico patrimonial.

Dan las gracias porque la pizza manda. Salen rápidas, apoyadas por un servicio de modales algo rígidos al trato, pero funcionales con la idea del lugar. La elasticidad de su masa, unida al breve crac gracias a una corta e intensa cocción, le dan el apoyo ciudadano. El tener mezclas como las puestas en la Pizza gorgonzola ($ 11.600), con delgadas láminas de jamón, queso azul italiano y espinaca, suman un grato equilibrio cárnico, cremoso y vegetal. Si la elección va por el lado de la Pizza brócoli y salame picante ($ 11.200), la combinación entre verdura densa (cortada en pequeños trozos) y cecina picantosa, la mete dentro de un eje lúdico que quizá dará que hablar
en la mesa.

Al estar lleno el local, como suele ocurrir, más vale avanzar de a poco para no forzar la máquina cocinera. Porque pedir las pizzas junto con los otros fondos, hizo que las masas perdieran parte de su garbo. Y más el resto de los platos: la Lasaña de berenjenas al horno ($ 10.000) supo de exceso de masa que no dejó mucha expresión vegetal, mientras que el Pappardelle e polpetini ($ 11.200), más allá de ofrecer una pasta más bien firme, no tuvo un gran correlato de sabor en sus albóndigas pese al vigor de la salsa de tomates. Lo mismo se puede decir de las tiras de Panes de ajo ($ 6.000), demasiado blandengues en textura y, sobre todo, en sabor. Eso llegó antes, al aperitivo junto a la Provoleta al forno ($ 9.800) correcta y de borde crocante, junto a un Pisco sour ($ 4.000) cuyo toque de cáscara de limón adormeció la lengua, lo que claro, no es la idea.

Cerrando, un Da Titto ($ 4.200), de cobertura bien crocante y la intensidad de un budín de leche condensada, cerró con cuidado empalago una comida donde las pizzas son la vedette -y vale la pena volver por ellas-, junto con un entorno que recuerda y a la vez confirma el espíritu cosmopolita de la vieja ciudad puerto.

De los vinos: una carta breve donde destacan opciones regionales – donde hay mucho para elegir- y el amable vino de la casa, elaborado según dicen, en la misma ciudad de Valparaíso. Por $ 9.800 puesto a la mesa, una ganga.

Dirección: Manzano 2, Cerro Cárcel, Valparaíso.
Teléfono: 32 320 2086.
RRSS: Instagram: @giardinomalandrino

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